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Nota a la Tercera Edición
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Equipo de Trabajo de la Edición en Internet
Índice
Portada de la edición original
Nota de la Editorial Ercilla a la Primera Edición
Nota de la Editorial Ercilla a la Segunda Edición
Portada
Dedicatoria
Mención Fraternal
Nota Preliminar a la Primera Edición
Nota a la Segunda Edición
Nota a la Tercera Edición
Nota a la Cuarta Edición
Nota a la Quinta Edición
I. ¿Qué es el APRA?
II. El APRA como Partido
III. Qué Clase de Partido y Partido de qué Clase es el APRA
IV. El APRA como un solo Partido
V. El Frente Único del APRA y sus Aliados
VI. La Tarea Histórica del APRA
VII. El Estado Antimperialista
VIII. Organización del Nuevo Estado
IX. Realidad Económico-Social
X. ¿Plan de Acción?
Apéndice. Art. 27 y 123 de la Constitución de México del 31 de enero de 1917

Cuarenta y dos años después de escrito este libro, y a los treinta y cuatro de su segunda edición, se publica ahora en una tercera. Ni "corregida y aumentada" como es de uso, ésta reproduce cabalmente el contexto de las dos precedentes a fin de mantener auténtico su valor documental.

 

El lector del presente trabajo habrá de evaluarlo a la luz del acontecer histórico, especialmente americano, en el lapso transcurrido desde 1928. Consideración de perspectiva sin duda pertinente para una justa apreciación de sus enfoques y planteamientos. Los cuales en su esencia ratifico, habida cuenta, claro está del espacio y el tiempo en que fueron formulados.

 

De los grandes sucesos acaecidos en los cuatro últimos decenios, el mayor ha sido la segunda gran guerra que conflagró al mundo de 1939 a 1945. Acerca de su posibilidad e inminencia se escribió previsiblemente en el Capítulo V de este libro que "no ha de ser un acontecimiento que pueda sorprendernos"[1]. Ello no obstante, lo que sí debe considerarse como un carácter inesperado de aquel terrible conflicto universal, es el movimiento político que le dio origen y la ideología racista del nuevo tipo de imperialismo, que promovió el insólito y veloz surgimiento y prepotencia del Partido Nacional Socialista alemán acaudillado por Hitler.

 

"Cuando un imperialismo adopta como ideario las diferencias raciales, proclama que los hombres son superiores o inferiores según la sangre que llevan en sus venas y el color de su piel, entonces los pueblos que no pertenecen a la raza escogida y destinada al dominio del mundo deben temer dos veces la victoria de aquel imperialismo. Porque no sólo trae la hegemonía económica, la explotación y sojuzga­miento de los pueblos por razón de su pobreza o debilidad, sino el derecho de esclavizarlos porque son racialmente "inferiores". Y ésa es la esencia de la filosofía nazi-fascista que entraña la lucha de razas"[2].

 

Con el súbito advenimiento y veloz predominancia del Nazismo, que proclamaba el derecho de señorío de la raza ario-germana, sobre las demás de la humanidad, apareció aquel nuevo cariz agresivo del desafío imperialista y una suplantación xenófoba de la lucha de clases por la lucha de razas. Que en cuanto atañe a Indoamérica, la condenación por el dogma racista hitleriano de nuestro mestizaje resalta paladina en las páginas de "Mein Kampf":

"Norteamérica, cuya población consiste en su mayor parte de elementos germánicos que se mezclan muy poco con las razas inferiores de color, ostenta un tipo humano y una cultura diferente de aquellas de Centro y Sud-América donde principalmente los inmigrantes latinos se han mezclado con los aborígenes en gran escala. Por este solo ejemplo se puede reconocer clara y distintamente la influencia de la mezcla de razas: La ario-germánica del continente norteamericano, que se conserva pura y menos mezclada, ha llegado a ser la dominadora de aquel hemisferio y permanecerá como tal hasta que él también sea víctima de la vergüenza de la mezcla de sangre"[3].

 

El Nacional Socialismo, tal lo remarca el profesor de Oxford Alan Bullock, -acaso el mejor biógrafo y analista contem­poráneo de Hitler y su ideología- "exaltó constantemente a la fuerza sobre el poder de las ideas". Y "el solo tema de la revolución nazi fue el de la dominación revestido con la doctrina de la raza"[4]. "Hitler proclamaba que en la lucha por la existencia, la idea de raza, según la mitología nazi, cumple el rol de la clase en la concepción marxista"[5]. "Lo que vemos ante nosotros -escribe en Mein Kampf- como obra de la cultura humana hoy día, en arte, ciencia y técnica, es casi exclusivamente el producto creador del hombre de la raza Aria"[6]. Hitler lo llamaba el "Prometeo de la humanidad" y dice que si se le excluyera de ella "una profunda oscuridad caería otra vez sobre la tierra y quizá por miles de años la cultura humana perecería y el mundo se transformaría en un desierto"[7]. De sus reveladoras conversaciones con el Führer nazi, Hermann Rauschning, -ex-gauleiter de Dantzig- en el conocido libro Hitler Speaks que las relata, y que el profesor Bullock, frecuentemente cita, manifiéstase patente la teoría racista del llamado Herrenvolk en la ideología hitleriana:

 

"La idea de la nación ha sido vaciada de toda substancia. Debí utilizarla, al principio, por razones de oportunismo histórico. Mas ya, en ese momento yo sabía perfectamente que no podía tener más que un valor transitorio. Dejad la Nación a los demócra­tas y a los liberales. La substituiremos por un principio nuevo: el de la raza Ya no se tratará de competencia de naciones sino de lucha de razas Sólo sobrevivirá la raza más viril y empedernida. Y el mundo tendrá otra cara. Día llegará en que podre­mos entrar en alianza con los nuevos amos de Inglaterra, de Francia y de América. Más deberán primero integrarse a nuestro sistema En ese momento no quedará ya gran cosa, incluso en nuestra tierra alemana, de lo que todavía hoy llaman nacionalismo. Lo que habrá es un acuerdo entre los hombres más fuertes de habla distinta pero todos oriundos de un mismo tronco étnico, todos miem­bros de la cofradía universal de los amos y señores de la raza dominadora"[8].

El imperialismo tomaba, así, un cariz inesperado. Ni Marx ni sus epígonos y hermeneutas, -los teóricos del comunismo ruso, frustrados profetas éstos de la clasista revolución mundial-, lo habían imaginado en sus dogmáticos itinera­rios de la reciente historia. La gran Alemania, con unos ochenta millones de habitantes, enhestaba una nueva bande­ra imperialista que era el bélico emblema ario-germánico de su predominancia y agresión y proclamaba ante el mundo un programa inaudito. La influencia y proselitismo hitleria­nos penetraron contagiosamente a varios países de Europa. Y el movimiento Nacional Socialista -ya aliado con el Fascismo italiano que fue su precursor-, conflagró en España la Guerra Civil, sangrienta maniobra preparatoria de la más vasta y terrible que habría de estallar en Europa y proyectarse al mundo inmediatamente después de la imposición de la dictadura militarista de Franco. De esta suerte, el movimiento Nacional Socialista se presentó encubierto bajo invocaciones demagógicas de "revolución" y "socialismo". Mas a los pueblos racialmente calificados como "inferiores", o "manchados con la vergüenza de la mezcla de sangres", el desafío autocrático de ese imperialismo racista nos impuso formas repentinas de enfrentamiento y resistencia.

 

Los planes del Nacional Socialismo para la penetración de nuestros países indoamericanos, han sido revelados por Rauschning en su difundido y célebre libro ya citado: "Edificaremos en el Brasil una nueva Alemania", le había dicho Hitler "a comienzos del verano de 1933" "En el Brasil, pensaba, se hallarán reunidas todas las condiciones de una revolución capaz de transformar en algunos años un Estado gobernado por mestizos corrompidos en un dominio germánico"[9]. Hitler según Rauschning "se interesaba por Argentina y Bolivia en primera línea. Tenía, decía él, buenas razones para creer que el nacional-socialismo hallaría terreno favorable en aquellos países Se trataba de ganar com­plicidades en todos los países a conquistar para eliminar en ellos las influencias de la América del Norte y de los elementos españoles y portugueses". En cuanto a México, Hitler, según Rauschning, hablaba de un país digno de liberarlo "de sus amos actuales". Y aseveraba que "Alemania sería grande y rica con sólo poner la mano sobre las minas mexicanas"[10] .

 

            El colonialismo mental y político de Indoamérica, aludido en el Capítulo VII de este libro, se puso nuevamente de manifiesto. Surgieron en nuestro continente facciones de remedo nazi-fascista. A despecho de los claros dictámenes condenatorios proclamados por Hitler contra las razas mestizas que forman las mayoritarias bases étnicas de nuestros pueblos, no faltaron adeptos criollos indoameri­canos de pieles multicolores que imitaron sus posturas, vistieron sus uniformes y repitieron sus palabras de orden. Se formaron agrupaciones con secuaces de toda procedencia clasista y racial quienes proclamaban a Hitler como su imperial salvador. Y no tardaron en organizarse "camisas doradas" en México, "camisas verdes" en Brasil, "camisas pardas" en Bolivia y "camisas negras" en el Perú, "nazis", "falangistas" en Chile y "descamisados" en la Argentina. Algunos gobiernos criollos, proclives al autoritarismo, hallaron en el sistema totalitario nazi-fascista un guión y un dechado. Se redoblaron las hostilidades contra los liberales y demócratas izquierdistas y se dio por hecha la victoria del racismo en el mundo. Los "frentes populares", iniciados en Francia el año de 1934, con la coalición de comunistas, socialistas y radicales bajo la presidencia de León Blum -y que habían sido la base política de la derrotada lucha republicana en España-, tuvieron también en Chile una efímera repercusión[11]. Pronto el Comunismo Internacional debió obedecer a una nueva orden de Moscú que significaba un trastrueque radical de su política frente al nazi-fascismo. El 23 de agosto de 1939, Hitler y Stalin pactaron una virtual alianza bajo el epígrafe de un "pacto de no agresión", suscrito en el Kremlin, con ostentoso ceremo­nial, por Joachim von Ribbentrop y Viacheslav Mijáilovich Molótov[12].

 

"Para los partidos comunistas, en Rusia y en Europa, especialmente en Gran Bretaña y en Fran­cia, el cambio de frente ruso fue una suprema prueba de disciplina. La Unión Soviética había cambiado en una noche de ser el adelantado campeón contra los agresores alemanes, en un aliado y hasta un cómplice de Hitler. Los partidos comunis­tas salieron de esta prueba a pedir de boca. Los partidos británico y francés, en particular, demostra­ron que ellos estaban firmemente dispuestos no solamente a anteponer los intereses soviéticos a los de sus propios países, sino también a permanecer verdaderamente inafectados por el peligro de vida en que sus países quedaban. Ellos denunciaron a sus gobiernos como agresores e hicieron eco a Molotov cuando éste ridiculizó la sugerencia de que una ideología como el Nacional Socialismo podía ser destruida por la fuerza o por "una guerra criminal sin sentido, camuflada como una lucha por la democracia"[13].

 

            En Indoamérica el contubernio de los corifeos nazis y comunistas se produjo velozmente en un peregrino frente de ultrancista reacción. El Aprismo hubo de arrostrar aquella caótica amalgama de apóstatas y oportunistas que unían a los extremismos de derecha e izquierda apresuradamente aliados. El frente de comunistas y nacional socialistas, más de una vez previsto por Hitler, según Rauschning[14], fue recibido jubilosamente por todos los partidos entonces pertenecientes a la Tercera Internacional. Una masiva propaganda belicista y políglota impartida desde Alemania y Rusia, anunciaba que los supremos autócratas de Berlín y Moscú, serían los amos señoreadores del mundo. Conjunta­mente, además, el comunismo y el nacional socialismo proclamaron que la nueva guerra imperialista era ya un hecho y acusaban de agresoras a las "potencias capitalistas". Alemania invadió a Polonia el 1° de septiembre de 1939 y dos días después Gran Bretaña y Francia declararon el estado de guerra con el país agresor[15]. En la primera etapa de este colosal conflicto se produjo el reparto de Polonia entre los dos aliados nazi-soviéticos y la reconquista rusa de Estonia, Lituania y Latvia independizadas del imperialismo zarista al término de la primera guerra mundial. Sucesivamente vencidas Noruega, Holanda, Dinamarca, Bélgica, Luxemburgo y Francia, ante la complaciente neutralidad de sus partidos comunistas locales, Italia se unió a la guerra, contra Francia, el 10 de junio de 1940, y calificó la contienda por boca de Mussolini como "la lucha revolucionaria de los pueblos proletarios contra los capitalistas"[16].

 

            Empero, cuando un año después, al amanecer del 22 de junio de 1941, Hitler insólitamente traicionó a su aliado soviético y las tropas nazis invadieron de estampida el territorio ruso, el cuadro se trastrocó por completo. Stalin, tras de unos días de estupor, debió requerir angustiosamente ayuda a las potencias burguesas británica y norteamericana a las que tantas veces había execrado como causantes de la guerra imperialista. Y al alinearse con ellas, el absoluto dictador de Moscú hubo de reconocer que la guerra era una lucha por la democracia y por la libertad de todos los pueblos"[17]. Entonces los partidos comunistas renegaron de Hitler y abrazaron, sin más, la causa de sus contendores. Al lado de las tropas imperialistas de Gran Bretaña y los Estados Unidos, y con el tempestivo y colosal apoyo de estas potencias capitalistas, lucharon a brazo partido los ejércitos soviéticos y sus nuevos aliados hasta la total derrota del nazi-fascismo en mayo de 1945[18].

 

El subitáneo y arrasador ataque aéreo japonés en Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941, y la inmediata declaración de guerra de Estados Unidos al Japón, y de Alemania e Italia a los Estados Unidos, expandió mundial­mente la conflagración bélica y acercó más a ella a nuestra América. Una tercera reunión de ministros de Relaciones Exteriores de las repúblicas de nuestro continente fue convocada en Río de Janeiro para enero de 1942[19]. Las dos precedentes se habían realizado, con previsor carácter consultivo, en septiembre de 1939 en Panamá y en julio de 1940 en La Habana, al inicio de la gran contienda[20].

 

En la cita de Río se acordó la ruptura de relaciones con las naciones agresoras no sin tomar en cuenta que algunas repúblicas del Caribe les habían ya declarado la guerra inmediatamente después de Pearl Harbor[21]. Fue después de la Conferencia de Yalta, en febrero de 1945, que, a exigencia de Stalin, se acordó "aconsejar" a todos los Estados latino o indoamericanos que rompieran hostilida­des con los países nazi-fascistas[22].

 

*  *  *

 

Otro fenómeno remarcable del acontecer mundial desde que este libro fue escrito, ha sido, sin duda, el de la transforma­ción de la Rusia soviética en una superpotencia industrial y militar. Y, dentro de sus indesviables lineamientos señalados por el sistema capitalista de Estado, su indefectible evolución hacia el imperialismo como "la más alta etapa del capitalismo". En el Capítulo III, (pág. 85 de la presente Edición en Internet, Nota de los Editores), el lector podrá releer mi opinión sobre la realidad eco­nómica de Rusia cuando yo la visité. "Día llegara en que el socialismo impere en Rusia", escribí entonces. "Mientras tanto ha de ser un largo proceso de capitalismo de Estado que suprima progresivamente la NEP (Nueva Política Econó­mica, establecida por Lenin) y cumpla la misión histórica de industrializar al país...". "La forma socialista está aún lejana". Y tal lo subrayo en la nota preliminar de la primera edición: "desde el punto de vista de las relaciones internacionales económicas y políticas, el estado soviético se halla obligado a convivir con el mundo social que creyó derribar formando parte del engranaje capitalista que proclama suprimir"[23]. Pero es más: Rusia bajo el sistema capitalista estatal se ha industrializado velozmente y ha llegado "a la superior etapa del capitalismo" que es la imperialista. Vale decir ha regresionado políticamente a la misma fisonomía imperial que John Atkinson Hobson des­cribe en su libro clásico -Imperialism, A Study- de 1902:

 

"Rusia, -escribió Hobson hace 68 años- el único país activamente expansionista del Norte, se mantu­vo solo en el carácter de su crecimiento imperial; el cual difiere de otros imperialismos en que es principalmente asiático en sus realizaciones, y ha procedido por expansión directa de sus fronteras, apoderándose de una extensión más vasta que en los otros casos de una política colonial regular de dominios territoriales para propósitos de agricultura e industria"[24].

 

            Si el lector revisa el libro de Lenin El Imperialismo Etapa Superior del Capitalismo, escrito en 1916[25], cuya edición príncipe apareció antes de la revolución bolchevique en Petrogrado, el 26 de abril de 1917, verá cómo el autor define la expansión imperialista rusa: "Finlandia, Polonia, Curlan­dia, Ukrania, Jiva, Bujara y otros pueblos no rusos del imperio zarista"[26], son mencionados en su condición de dominios coloniales. De ellos, solamente Finlandia, sin Viborg, no se hallan hoy bajo la anexión o inmediato control soviético. El neo-imperialismo ruso que, según escribía Hobson en 1902 "fue principalmente asiático", se ha mantenido en esa orientación perieca por la directa expansión imperial de sus fronteras que vertebra "el gran ferrocarril transiberiano, obra iniciada en 1891 e inaugurada en 1905"[27]. Más no solamente extendido hacia el Este, sino después de la Segunda Guerra también hacia Europa. Pues si Estonia, Lituania, Curlandia o Latvia, han vuelto a ser colonias rusas, Polonia, Bulgaria, Hungría, Rumania y Checoslovaquia, con parte de Alemania se hallan bajo su predominancia. La sentencia de Lenin: "Rusia ha batido el récord mundial de la opresión zarista de nacionalidades" es tan aplicable al imperio ruso de hoy como al de los zares de ayer[28].

 

Importa sumarizar aquí los hechos resaltantes de este proceso que no llegaron a abarcar en sus enfoques los capítulos del presente trabajo escritos en 1928.

 

La URSS, superpotencia contemporánea del capitalismo de Estado, ha cumplido aceleradamente su etapa de industria­lización. Se ha emancipado del imperialismo capitalista extranjero, pero ha acumulado ingentes capitales que en parte necesita reinvertir, y ha producido más mercancías de las que sus vastos mercados internos podían absorber. Consecuentemente, han debido poner en práctica una dinámi­ca política comercial y financiera expansionista de conquis­tas de mercados e inversiones de capitales allende sus fronteras. No le han bastado las inmensas áreas geográficas y las grandes poblaciones que desde la época del zarismo ha mantenido bajo su señorío. Después de la segunda guerra mundial, ha acrecentado sus territorios y sus esferas de influencia al igual de los imperialismos que con "la exportación de capital adquieren un desarrollo inmenso desde principios del siglo XX", según lo describe y denuncia Lenin en su conocido libro:[29]

 

"El capitalismo es la producción de mercancías en el grado más elevado de su desarrollo, cuando incluso la mano de obra se convierte en mercancía". "Mien­tras el capitalismo es capitalismo, el exceso de capital no se consagra a la elevación del nivel de existencia de las masas en cada país, pues esto significaría la disminución de los beneficios de los capitalistas, sino al acrecentamiento de estos benefi­cios mediante la exportación de capital al extranje­ro, a los países atrasados. En dichos países atrasados el beneficio es extraordinariamente elevado, pues los capitales son escasos, el precio de la tierra poco considerable, los salarios son bajos, las materias primas baratas"[30]. Así, "la exportación de capital se convierte en un medio de estimular la exportación de mercancías al extranjero"[31].

 

Todas las precedentes definiciones de Lenin, en su libro de análisis y glosa de la obra fundamental de Hobson, sobre el imperialismo, se han reproducido ya en la etapa culminante del proceso de superdesarrollo industrial post-revolucionario ruso bajo la égida del capitalismo de Estado, del cual el mismo Lenin escribió en 1918, que "constituiría un progreso con relación al estado de cosas de nuestra revolución". Y del que con iluso optimismo, en cuanto a los plazos entonces prefijados, vaticinó que, "si por ejemplo tuviéramos establecido aquí en seis meses el capitalismo de Estado, esto sería un éxito enorme y la mejor garantía de que en un año tendríamos en Rusia el socialismo definitiva­mente consolidado e invencible":[32]

 

"Porque el socialismo en efecto no es más que la etapa que sigue al monopolio capitalista de Estado". Y "el monopolio capitalista estatal representa la más perfecta preparación material del socialismo; es el último peldaño de la escalera que conduce al socialismo"[33].

 

Lenin equivocó completamente los plazos de la duración del tránsito entre "el comunismo de guerra" y el socialismo, según él mismo lo confiesa.[34] No previó que los "seis meses" imaginados por él como término del cabal adveni­miento del socialismo en Rusia, sobrepasarían el medio siglo. Ni que aún hoy mismo no solamente se han restaurado y prevalecen las normas económicas del sistema capitalista estatal en la Unión Soviética, sino que debido a ellas su gran desenvolvimiento industrial ha culminado en la superior y "más alta etapa" del capitalismo que es la imperialista.

 

Engels había definido a la esclavitud como una forma dominante de producción que superó a la del estado comunal primitivo, y subrayó que "sólo, la esclavitud hizo posible la división del trabajo entre la agricultura y la industria en vasta escala y de ahí la expansión del mundo antiguo, el helénico".[35] Lenin, al seguir este enfoque dialéctico, describe al capitalismo como "un mal con relación al socialismo" pero como "un bien con relación al régimen feudal; a la pequeña producción, a la deformación burocrática que resulta de la dispersión de los pequeños productores".[36] Y prosiguiendo con su argumentación en defensa del capitalismo de Estado decía a los comunistas rusos en 1921:

 

"Desde el momento en que somos incapaces de pasar inmediatamente de la pequeña producción al socialismo, el capitalismo es inevitable como produc­to natural de la pequeña producción y del cambio y debemos utilizar este capitalismo -en particular dirigiéndole en el sentido del capitalismo de Esta­do- como un eslabón intermedio entre la pequeña producción y el socialismo".[37]

 

Este capitalismo de Estado significa, según Lenin, hacer concesiones al capital privado[38] no solamente ruso sino también extranjero. Y al advertir cómo "se comete una porción de errores comparando al capitalismo de Estado y el socialismo",[39] reitera que:

 

"Implantando el capitalismo de Estado en forma de concesiones, el poder de los Soviets refuerza la gran producción contra la pequeña, el elemento progre­sivo contra el reaccionario, la máquina contra el brazo, aumenta la suma de productos de la gran industria de que dispone -retención proporcional- y fortifica el orden económico gubernamental en oposición a la anarquía pequeño burguesa". "Esta política de las concesiones, dirigida con la medida y la prudencia necesarias, contribuiría, sin duda algu­na, a mejorar rápidamente -hasta cierto punto poco considerable- el estado de la producción y la suerte de los obreros y campesinos a costa, naturalmente, de ciertos sacrificios, entregando al capitalismo decenas y decenas de millones de puds de nuestros más valiosos productos"[40] Las concesiones son seguramente la forma más simple, más clara, más exactamente definida, revestida por el capitalismo de Estado en el interior del sistema sovietista. Tenemos aquí un contrato escrito y formal con el capitalismo occidental más culto y más desarro­llado".[41]

 

Ya adelante, en el mismo libro y capítulo, Lenin agrega: "La política de concesiones, en caso de éxito, nos dará un pequeño número de grandes empresas ejemplares, con relación a las nuestras, al nivel del capitalismo contemporáneo más avanzado. Al final de algunas decenas de años -remarca-, estas empresas pasarán enteramente a nuestras manos"...[42] Así "el Estado da en arriendo a un empresario capitalista cierto establecimiento, explotación, bosque virgen, territorio agrícola, etc., que le pertenece. El contrato de arrendamiento es semejante a los contratos de concesiones". Porque "el concesionario es muy fácil de vigilar pero el cooperador muy difícil".[43] Y en cuanto al trato con el capitalismo nacional o extranjero, Lenin en su discurso del 17 de octubre de 1921, ante el Congreso de Educación Política celebrado en Moscú, cuyo contexto aparece en su citado libro El Capitalismo de Estado y el Impuesto en Especies, dijo lo siguiente:

 

"Tomad la dirección económica. Los capitalistas trabajarán a nuestro lado; a vuestro lado estarán también los capitalistas extranjeros, los concesiona­rios, los arrendadores. Ganarán beneficios de mu­chos cientos por ciento, enriquecerán a vuestro lado. Que se enriquezcan, no importa. Pero vosotros aprenderéis de ellos el arte de administrar la econo­mía nacional y solamente entonces sabréis crear la república comunista. Es necesario aprender ensegui­da; todo aplazamiento sería un enorme crimen. Es necesario estudiar esta ciencia. Esta ciencia dura y severa, algunas veces cruel, porque no hay otra solución".[44]

 

Cuando después de la muerte de Lenin, Stalin ávido de poder desencadenó su implacable tiranía contra "la oposi­ción", hasta exterminar sangrientamente a tantos de los principales protagonistas de la insurrección y triunfo de 1917, las tesis leninistas sobre el Capitalismo de Estado y el Impuesto en Especies fueron teóricamente revisadas y contradichas. Stalin, el nuevo asiático "Genghis Khan", -como una de sus víctimas, Nicolás Bukharin, lo llama­ra-,[45] escribió el 25 de enero de 1926, que en 1921:

 

"Cuando Lenin concebía el capitalismo de Estado, como la forma fundamental posible de nuestra actividad económica, ésta era suficiente y satisfac­toria".[46] "Pero hoy ese modo de tratar el asunto ya no basta y está superado por la historia, pues de entonces a aquí los tiempos han cambiado: la in­dustria socialista se ha desarrollado en nuestro país, el capitalismo de Estado ha echado raíces en la medida apetecida y la cooperación que abarca actualmente más de una decena de millones de miembros ha comenzado a vincularse ya a la industria socialista".[47]

 

            Y aquí se apoyó otra de las rectificaciones del "estalinismo" a los dictámenes leninistas sobre el capitalismo de Estado para suplantarlos con la fórmula de "el triunfo del socialismo en un solo país".[48] Ya desde su polémica con Trotsky en 1924, al rechazar el enunciado de "la revolución permanente" como "una variante del menchevismo"[49] -o como "la desesperación permanente"-,[50] Stalin esgrimió la tesis de que no era necesario "el apoyo estatal di­recto del proletariado europeo para mantenerse en el poder", tal lo preconizaba el planteamiento trotskista.[51] En 1929, año llamado por él "del gran viraje",[52] Stalin declaró: "Marchamos a todo vapor por el camino de la industrialización hacia el socialismo dejando a la zaga el atraso secular de la vieja Rusia".[53] Así, siempre invocando a su placer y conveniencia a Lenin, Stalin dejó atrás la concepción leninista del capitalismo de Estado. En 1933 había hecho el balance del primer "plan quinquenal"[54] y en 1936 exaltó la nueva Constitución de la URSS en un discurso que revisa el cuadro de la economía soviética desde la abolida NEP leninista hasta la revisada por él, en la cual, según su decir, "la explotación del hombre por el hombre ha sido suprimida".[55]

 

Fue entonces cuando Stalin desafió "la ola fangosa del fascismo que vomita sobre el movimiento socialista de la clase obrera y pisotea en el lodo de las aspiraciones democráticas los mejores hombres del mundo" (sic).[56]

 

Pero tres años después -como ya se ha referido- se celebraba en Moscú la alianza nazi-soviética, después del lapso de las sangrientas "purgas", de los años treintas, que ejecutaron a millones de kulaks y a todos los dirigentes de la oposición anti-estaliniana, cuya dramática denuncia ha dirigido al mundo el sabio soviético Andréi D. Sakharov, llamado "el padre de la bomba de hidrógeno".[57] A aquel pacto claudicante siguió -repitámoslo- el que en­filó en un mismo frente vencedor a Rusia con el Imperio Británico y los Estados Unidos. Cuando Stalin hubo de transar con la Iglesia Ortodoxa rusa y disolver la III Interna­cional aferrándose a un exaltado nacionalismo eslavo de "defensa de la patria".[58]

 

A la muerte del tirano, en marzo de 1953, "los amos interinos fueron reemplazados... pero el régimen anti-pueblo de Stalin quedó igualmente cruel y al mismo tiempo dogmáticamente estrecho y ciego en su crueldad", comenta Sakharov.[59] En el XX Congreso del Partido Comunista Ruso -14 al 25 de febrero de 1956- Nikita Khruschev, uno de los adláteres de Stalin, en un sensacional informe, cuyo íntegro contexto nunca ha sido revelado, denunció algunas de las atrocidades cometidas por el déspota georgiano "quien se creyó un super-hombre en posesión de dotes soberanas similares a las de un dios".[60]

Las revelaciones de Khruschev, a despecho de que por su carácter "secreto" sólo fueron fragmentariamente publica­das, acusaban a Stalin:

 

"De haber violado brutalmente" los principios de Lenin sobre 'centralismo democrático' y 'dirección colegiada'. Lo responsabilizaban "de haber poster­gado durante 13 años la reunión de los congresos comunistas rusos, entre el XVIII, de marzo de 1939, al XIX, de octubre de 1952: de haber ejercido represiones en masa contra la mayoría de los miembros del comité central; de haber arrestado y fusilado al 70% de los miembros y candidatos elegidos miembros del comité central y del partido en el XVII congreso con procesos 'manipulados' y 'confesiones arrancadas por la violencia'. 'Camara­das de probada fidelidad fueron bárbaramente ejecu­tados'. Se instauró la tortura: 'Casos clamorosos fueron inventados con pruebas falsificadas y basta decir que desde 1954 la Corte Suprema ha rehabili­tado a 7,679 personas pero en gran parte se trata de rehabilitaciones póstumas".[61]

 

En este impresionante discurso de Khruschev, calificado benignamente por el oficialismo comunista "la tesis contra el culto de la personalidad", o del individuo,[62] quedaron demostrados:

 

"el inhumano carácter del estalinismo, las repre­siones de los prisioneros de guerra que sobrevivieron en los campos de concentración fascistas y fueron después lanzados a los campos de concentración estalinistas; el criminal exilio de pueblos enteros condenados a una muerte lenta y la tenebrosa y zoológica clase de anti-semitismo que fue característica de la burocracia estalinista y de la N.K.V.D. -de Stalin personalmente-, por la "ukranofobia" carac­terística de Stalin y las leyes draconianas para la protección de la propiedad socialista -que condena a cinco años de prisión el robo de un poco de grano en los campos-, tal escribe el eminente científico soviético Sakharov.[63] Quien se declara obli­gado "a valorar altamente el histórico papel de Khruschev a despecho de sus lamentables errores en los años subsecuentes y del hecho de que Khruschev mientras Stalin vivió fue uno de sus colaboradores en el crimen y ocupó numerosos puestos influyen­tes".[64]

 

Las denuncias del XX Congreso de 1956, repercutieron devastadoramente entre los partidarios del comunismo internacional, originando divisiones y disputas que han deteriorado irremediablemente su unidad. Pero fueron coevas de la nueva política preconizada por Khruschev, portavoz de la "coexistencia pacífica con el mundo del capitalismo occidental". La Rusia de postguerra, ya como una superpotencia más del grupo mayor de los países desarrollados de la era atómica, coexiste, negocia, comercia y transa políticamente con los del orbe burgués.[65] La revolución castrista de Cuba, iniciada como movimiento democrático, "que ha terminado entregándose al dominio dictatorial totalitario de Moscú", marca el primer paso concreto de la avanzada imperialista rusa en Indoamérica con la implantación de un protectorado soviético en nuestro hemisferio. A tiempo que los enconados antagonismos ideológicos de los dictadores soviéticos con la China revolucionaria -ésta también en el camino de la utilización bélica de la energía nuclear- a quienes ahora acusa de "revisionistas" copartícipes del imperialismo occidental y de proditores del marxismo canónico, abre grandes interro­gantes al futuro de la problemática internacional.

 

Desprendida, empero, de la triada doctrinaria soviética -marxismo, leninismo, estalinismo- la parte que en ella impuso Stalin carismáticamente con su nombre, Rusia ha reivindicado la forma originaria superior del capitalismo de Estado, en su categoría y dimensión actual, de auténtica y escueta doctrina leninista.

 

De esta suerte la acelerada industrialización estatal ha llevado a la Unión Soviética a "la etapa superior del capitalismo" que es la misma fase imperialista, descrita por Lenin, en su análisis de la obra de Hobson, y que fue lla­mada por Rosa Luxemburgo su "etapa final".[66] No solamente como poder conquistador de mercados para sus excedentes de producción, y como exportador e inversionis­ta de los ingentes capitales de que dispone, hacia los países subdesarrollados en los cuales busca y extiende sus "esferas de influencia", sino como contratante de concesiones procedentes del otro imperialismo, a fin de impulsar con el capital extranjero el desarrollo de sus riquezas todavía inexplotadas.[67]

 

*  *  *

 

            El Aprismo, "ante el mundo cambiante"[68] a cuyos más notables eventos se han referido los parágrafos precedentes, ha mantenido la validez de sus tesis fundamentales. Ha demostrado que es "un movimiento autónomo latino o indoamericano, sin ninguna intervención o influencia ex­tranjera".[69] Frente al dogmático comunismo neo-colonial importado a nuestros países, ha demostrado también que los partidos comunistas criollos de imitación europea -autoti­tulados exclusivos partidos "de clase" obrera o proletaria- estaban destinados al divisionismo y a la frustración en que han epilogado, escindidos en una dispersión faccionalista de variopintas y contrapuestas tendencias y agrupaciones efímeras.[70] Ha visto, además, triunfar el Aprismo su tesis normativa de la alianza política de clases oprimidas o amenazadas por el imperialismo, no solamente en la formación de fuertes partidos de masas de izquierda democrática, organizativamente similares al nuestro, sino, a contrapelo, en los miméticos intentos de "frentes populares" o coaliciones eventuales, que con propósitos electorales han convocado los partidos comunistas, amalgamando gru­pos políticos de diversas procedencias doctrinarias y clasistas.[71]

­

El profesor y economista de Oxford G. D. H Cole en su obra monumental A History of Socialist Thought escribe que "El único intento sobresaliente por crear una concepción específicamente latinoamericana del socialismo -si es que se trataba de socialismo- aplicable a las condiciones predomi­nantes, ha sido el del movimiento aprista fundado en México, en 1924, por Víctor Raúl Haya de la Torre, exiliado entonces del Perú". Y agrega que "en términos de teoría y política, el movimiento aprista ha sido la contribución más notable a la formulación de un movimiento social de izquierda peculiarmente latinoamericano".[72] Anota que "se ha desarrollado una gran hostilidad entre comunistas y apristas en torno al problema de la lucha de clases; pero cuando en los años treinta adoptaron ante la creciente amenaza del fascismo la política del "Frente Popular", los apristas estaban en posición de decirles que ellos habían estado abogando por esa política desde un principio, y de sostener que el APRA era ya de por sí el Frente Popular que los comunistas querían decir ahora".[73] El profesor Cole, a despecho de su incompleto análisis del movimiento aprista -errado en algunos nombres y fechas- se acerca a una interpretación, si bien un tanto generalizada, no muy distante de la verdad. Y al descubrir la lucha desigual del Aprismo contra la reacción oligárquica y militar interna y la presión imperialista exterior, cree que nuestro movimiento, "partidario de una democracia parlamentaria y no de una dictadura, ni proletaria ni de otra especie", anhela "con una pasión ética, poner fin a la discriminación racial e infundir conciencia y fuerza a un supernacionalismo indoamericano que supere las barreras de color y todas las formas de antagonismo racial".

 

Reconoce al Aprismo que "a la larga, su política es la única que ofrece una esperanza real de resolver los problemas económicos del continente latinoamericano". Y al admitir que "no es sorprendente, sin embargo, que durante los treinta años de vida del APRA no haya podido llevar adelante una parte de su programa"... anota que es posible que demuestre que su valor ha sido más duradero que el de sus rivales.[74]

 

Para el historiador George Pendle, hombre de Oxford también, su enjuiciamiento del Aprismo en el capítulo XV de su History of Latin America, remarca que "Los Apristas, o miembros del APRA, abogan por la devolución de la tierra a las comunidades indígenas, un programa económico que elevará a los campesinos por sobre una agricultura de pura subsistencia, y por una campaña para eliminar el analfabetis­mo entre los indios y una legislación laboral avanzada. Cuyo principal objetivo es capacitar a los indios para que devengan una verdadera parte de la nación peruana", y comenta que "no es sorprendente que estas intenciones hayan alarmado a la oligarquía".[75] Pendle, cabaliza su juicio al citar textualmente al profesor R. A. Humphreys, en su libro Evolution of Modern Latin America cuando califica al APRA como "the most remarkable political philosophy Latin America has produced".[76]

 

El APRA fundamentó su disciplinada formación partidaria aliancista, como la verdadera nueva izquierda latino o indoamericana, en el hecho histórico de que por configurar nuestros países una zona continental económicamente sub-desarrollada -"en el proceso de transición hacia el desenvolvimiento de las condiciones previas para el impulso inicial hacia una futura madurez"-,[77] sus clases sociales se hallan también en desarrollo y tránsito. Consecuente­mente, no se puede considerar a nuestras sociedades como de fija formación clasista semejantes a la de los países de ya lograda predominancia industrial. Nuestros pueblos están viviendo aún socialmente, un proceso estructural de evolu­ción y crecimiento correspondiente al de su constante devenir y cambio económico; tanto más veloz y profundo en su transformación cuanto más adelantado y rápido sea su movimiento desarrollista. Coincidiendo, además, nuestra denominación aprista de "frente único de trabajadores manuales e intelectuales" con los estupendos avances de la gran revolución científica y tecnológica operada en nuestro siglo, y proyectada en los progresivos logros de la alta tecni­ficación especializada del trabajo, -automatismo, electró­nica, computadores, cibernética, etc.- que acerca cada vez más al trabajador tradicionalmente llamado "del músculo" y al intelectual, experto y culto de las economías movidas por una nueva categoría de producción altamente calificada en los niveles superiores del esfuerzo, de la capacitación y la destreza.

           

El planteamiento doctrinario aprista del imperialismo, que sustenta este libro, como etapa inferior o inicial del capitalismo industrial en los países subdesarrollados, a donde la expansión de aquél llega, es ya por irrefutable unánimemente reconocido. Además de corroborar la transi­ción económico-social que tipifica y condiciona el proceso transformador de las estructuras de nuestro continente, depara en sus diversas y sucesivas fases de incremento, los caracteres intransferibles de su evolución correspondientes y referidos al espacio y al tiempo en que se implantan y desenvuelven. Esta circunstancia no confirma exactamente la sentencia determinista de Marx, que desautoriza la historia del capitalismo, cuando afirmaba que "los países industrialmente más desarrollados no hacen más que poner delante de los países menos progresivos el espejo de su propio porvenir".[78] Ni es esclarecida debidamente por la sentencia de Lenin en su ya citado libro sobre el imperialis­mo, cuando dice que "la exportación de capital ejerce una influencia sobre el desarrollo del capitalismo en los países en que aquél es invertido, acelerándolo extraordinaria­mente".[79] Porque su autor no alcanzó a describir qué clase de influencia o cuál grado de aceleración capitalista son los que se producen a donde el capitalismo llega. Y ni siquiera aplicó el principio de Marx sobre la relación entre "el cambio de valores de uso de una clase por los valores de uso de otra" -que el imperialismo lleva implícito- con la trascendente observación, también de Marx, de que "esa relación varía constantemente con los lugares y los tiempos".[80] De modo que al pasar de soslayo cuáles son las características que condicionan y peculiarizan el inicio del sistema capitalista en los países económicamente coloni­zados, cuando comienza en ellos su primera o inferior etapa, deja asimismo de lado otra advertencia de Marx sobre la inconveniencia de aplicar las mismas reglas y estimativas históricas de espacio y de tiempo a todas las modalidades socio-económicas; bien recordada con el ejemplo de que "ya Don Quijote pagó caro el error de creer que la caballería andante era una institución compatible con todas las formas económicas de la sociedad".[81]

 

Acerca de la distorsionada polémica referida a la posición filosófica marxista del Aprismo, este libro esgrime los argumentos contenidos particularmente en su Capítulo VI, que debidamente leídos, no dejan lugar a duda acerca de nuestra línea dialéctica, si realmente se sabe lo que dialéctica significa, en el lenguaje auténtico de Hegel y de Marx. A "los patriarcas criollos de la ortodoxia marxis­ta",[82] importada y repetida servil y reiteradamente en Indoamérica, se les ha recordado más de una vez una sentencia de Lenin, o desconocida u olvidada: "No se puede comprender plenamente "El Capital" y particularmente su Capítulo primero sin estudiar antes a fondo y comprender toda la Lógica de Hegel".[83] Puesto que es a la luz de esa Lógica que el mismo Lenin escribió:

 

"Nosotros no consideramos en absoluto la teoría de Marx como algo acabado e inmutable. Estamos convencidos, por el contrario, que esta teoría no ha hecho sino colocar piedras angulares de la ciencia que los socialistas deben impulsar en todos los sentidos, siempre que no quieran quedar rezagados en la vida. Creemos que para los socialistas rusos, es particularmente necesario impulsar independiente­mente la teoría de Marx, porque esa teoría da solamente los principios directivos generales que se aplican en particular a Inglaterra, de un modo distinto que a Francia, a Francia de un modo distinto que a Alemania, a Alemania de un modo distinto que a Rusia".[84]

 

            A lo cual los repetidores de un marxismo incompletamente aprendido y defectuosamente trasplantado a nuestros paí­ses, podrían agregar la advertencia de Engels acerca de la peligrosa aplicación de las leyes de la economía política inglesa a la Tierra del Fuego, -y a los países que forman parte del continente en que ella está, o que contienen en sus áreas regiones de condiciones sociales semejantes-, tan pertinentemente formulada en el Anti-Dühring y que ha sido recogida en el prólogo de la primera edición de este trabajo. Empero, a las intencionadas referencias que de él suelen hacer con notoria desaprensión escritores y comentaristas áulicos o "comprometidos", empeñados en demostrar que "el Aprismo fue marxista y ya no lo es", importa responder con los planteamientos filosóficos que sustentan la doctrina aprista, de los cuales vale decir uno de los que aparecieron hace ya 35 años:

 

"El Aprismo arranca filosóficamente del determinis­mo histórico de Marx y de la dialéctica hegeliana adoptada por él para su concepción del mundo. Inspirándose en el principio de Hegel: "Dialéctica es la fuerza irresistible ante la cual nada se mantiene firme en las cosas, es la progresiva determinación inherente al pensamiento mismo y el resultado y negación de éste" (Logik), y en la definición más específica de Engels: "La dialéctica no es más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y evolución de la sociedad humana y el pensamiento" (Anti-Duhring), el Aprismo fundamenta sus normas de metodización filosófica en el enunciado dialécti­co de la negación de la negación. Reconoce, así el principio universal del eterno movimiento, cambio y devenir -avizorado por Heráclito y cada día mejor comprobado por los progresos de la ciencia- como un proceso constante de contradicciones, negaciones y continuidad, pero reconoce también en el marxismo una escuela filosófica sujeta a la misma ley por ella descubierta y perfeccionada. En efecto: quien adopte el marxismo como norma filosófica no puede admitir, sin embargo, sus conclusiones doctri­narias como dogmas inflexibles... Porque, o el marxismo es dogma yerto, inerte, cual un ídolo, o es devenir vivo y móvil y, en este caso queda también sujeto a la ley de la negación de la negación... Desde este punto de vista no es el determinismo histórico una regla que se impone a todas las latitudes".[85]

 

            Menos todavía -habremos de aseverar al proseguir el ar­gumento- habida cuenta de nuestra latitud latino o indoa­mericana. Desde ella el Aprismo ha considerado su doc­trina como una negación dialéctica del determinismo marxista -congelado y estanco por la desviación dogmática del revisionismo de sus epígonos soviéticos-, al aplicar a nuestra historia los innovadores principios científicos y las proyecciones filosóficas de la Relatividad de Einstein, que tan substancial y decisoriamente han revolucionado la noción newtoniana de Espacio y de Tiempo.[86]

 

De aquí que tanto signifique para el íntegro e imparcial conocimiento de la doctrina aprista poner en mientes que:

 

"Si aceptamos que Europa y América están muy lejos de ser idénticas, por su geografía, por su historia y por sus presentes condiciones económicas y sociales, es imperativo reconocer que la aplicación global o simplista a nuestro medio de doctrinas y normas de interpretación europea debe estar sujeta a profundas modificaciones. He aquí el sentido, la dirección, el contenido doctrinario del APRA dentro de la línea dialéctica del marxismo interpreta la realidad indoamericana. En lo que la interpretación de una realidad nueva, característica, complicada como lo es la nuestra, tenga que negar o modificar los preceptos que se creyeron universales y eternos, se cumplirá la ley de las contradicciones del devenir: la continuidad condicionada por la negación".[87]

 

            No es intempestivo recordar aquí que ni Marx ni Engels llegaron a interpretar clasistamente la revolución de la independencia indoamericana, sus proyecciones económico sociales, y menos aún a calibrar la dimensión histórica de sus cimeros protagonistas. Conocido es el juicio de Marx sobre Bolívar de quien osadamente escribió que "es enojoso ver cómo a ese cobarde, vil y miserable canalla lo glorifican como a Napoleón I".[88] De otra parte Engels, al polemizar con su coetáneo adversario ideológico el anarquista ruso Mijail Bakunin, quien se había adelantado a calificar acertadamente la contienda, ya de tipo imperialista, de Estados Unidos y México de 1848 como una "guerra de conquista" le refuta en el Neue Rheinische Zeitung de 15 de febrero de 1849 definiéndola como una lucha "en interés de la civilización". Y añade:

 

"¿Acaso es una desdicha que la magnifica California haya sido arrancada a los holgazanes mexicanos que no sabían qué hacer con ella? La "independencia" de algunos españoles de California y Texas sufrirá quizá; la "justicia" y otros principios morales pueden ser enfrentados aquí y allá, ¿pero que significa todo esto ante tantos otros hechos de este tipo en la historia universal?... Todas esas peque­ñas naciones impotentes deben estar reconocidas en suma, a quienes siguiendo las necesidades históricas las agregan a un gran imperio, permitiéndoles así participar en un desarrollo histórico al cual, abando­nadas a si mismas, habrían permanecido completa­mente ajenas. Es evidente que ese resultado no podría ser obtenido sin aplastar algunas dulces florecillas. Sin violencia no se puede llevar nada a buen fin en la historia".[89]

 

            Y en la Deutsche-Brusseler Zeitung, en un artículo publica­do bajo el epígrafe de "Los movimientos de 1847", el mismo Federico Engels suscribió el 23 de enero de 1848, este literal comentario sobre la misma guerra invasora de los Estados Unidos contra México:

 

"En América hemos sido espectadores de la conquis­ta de México y nos hemos alegrado por ella. Es un progreso que un país que hasta ahora se ocupaba exclusivamente de sí mismo, desgarrado por eternas guerras civiles y retraído a todo desarrollo, un país que a lo sumo habría de caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, un país tal, se vea lanzado por la violencia al desarrollo histórico. Es en el interés de su propio desarrollo que estará colocado en el futuro bajo la tutoría de los Estados Unidos. Es en el interés de toda América, que los Estados Unidos, gracias a la conquista de California, logren el dominio del Océano Pacífico".[90]

 

            Este tipo de literatura "revolucionaria europea" sobre problemas interamericanos, podría servir de prólogo a la copiosa que más tarde preconizó la expansión imperialista yanqui en nuestro continente, cuando según el escritor norteamericano Arthur Whitaker "una más ambiciosa y dinámica política exterior en los Estados Unidos, iba a alcanzar pleno desarrollo... bajo la dirección de hombres como Theodore Roosevelt, Henry Cabot Lodge, Alfred Thayer Maham y Albert Shaw".[91] Ella ha sido también descrita por el profesor norteamericano de la Universidad de Columbia, Samuel Guy Inman en un artículo muy divulgado, en su época, de la revista The Atlantic Monthly -de julio de 1924-, del cual aparece una expresiva cita en la página 78, infra, de la presente edición. O en las textuales y muy dicientes palabras del Subsecretario de Estado de Washing­ton, Mr. Sumner Welles, vertidas en un discurso pronuncia­do en Nueva York el 14 de abril de 1943 -ya reproducidas en otros libros míos-, que no contradicen, sino antes bien confirman, los aventurados conceptos de Engels citados ut supra, acerca de cómo nuestras "pequeñas naciones deben estar agradecidas, en suma, a quienes siguiendo las necesida­des históricas las agregan a un gran imperio":

 

"nuestra infantería de marina de montaña montaba guardia en territorio de uno de nuestros vecinos; en otros países, aunque la infantería de marina había sido retirada, asesores financieros investidos de facultades dictatoriales todavía dominaban... En otros grupos de países una perpetua espada de Damocles pendía sobre la cabeza de sus pueblos a causa de las posibilidades de intervención de los Estados Unidos en sus asuntos internos, para mante­ner el orden; como consecuencia de esto, muchas repúblicas americanas no estaban en condiciones de ser llamadas soberanas porque su soberanía era susceptible de ser violada a voluntad por los Estados Unidos".[92]

 

            Contra ese imperialismo agresivo así descrito por un prominente norteamericano, y oponiéndole afirmativamente el programa integracionista de la unión económica y política de nuestras veinte repúblicas, para resguardo y defensa de su desarrollo y común soberanía, se fundó con el APRA, un movimiento popular independiente de toda dirección extra-continental. A lo largo del acontecer en los años trans­curridos desde la enunciación de su programa originario, él mismo ha ido enfrentando nuevos hechos históricos, a tiempo que ha transpuesto los umbrales de la edad atómica. Iniciada ésta en su acción bélica, con el trágico desenlace de la Segunda Guerra Mundial en el Japón, ella ha demarcado una nueva y más anchurosa distancia entre los países desarrollados y los subdesarrollados. Ha registrado asimis­mo, una mudanza esencial en el sistema de relaciones competitivas entre las opulentas potencias poseedoras de la nueva portentosa energía, las cuales confrontan asimismo una alternativa hasta ahora por ellas desconocida: o la guerra con las revolucionadas armas termonucleares de impredecible capacidad destructiva, o la utilización de sus ingentes poderes alcanzados por los maravillosos avances de la ciencia y de la tecnología, en beneficio de la paz universal, y especialmente de los pueblos de desarrollo retardado. Todo hace pensar que, si el justo temor a las incalculables proyecciones de una conflagración atómica se impone a la razón de los dirigentes políticos de las potencias imperialistas del mundo de hoy -particularmente en los Estados Unidos y Rusia-, el principio marxista de "la violencia partera de la historia", será negado y superado por una concepción y praxis superiores normativas de las relaciones humanas.

 

Esas relaciones en un mundo de coexistencia pacífica y democrática cooperación, tendrían que regirse necesaria­mente por nuevas exigencias. La primera de las cuales habría de ser, con la abolición de los imperialismos opresores, la organización equilibrada de los grandes grupos regionales o continentales de pueblos afines, en mercados comunes y confederaciones o anfictionías interdependientes, que esta­bilicen equilibradas relaciones entre las áreas zonales desa­rrolladas y subdesarrolladas.

 

Planteamiento valedero de este libro es el que condiciona "la emigración de capitales" -característica del imperialis­mo- como un fenómeno económico que ecuaciona la inevitable necesidad de exportarlos hacia los países a donde van a invertirse con la que éstos tienen de recibirlos. Planteamiento del cual se deduce la importancia de estable­cer un nuevo sistema de relaciones verdaderamente equitati­vas basado en aquellas crecientes necesidades recíprocas. Mas, si se traslada esta imagen a la más resaltante de las interrelaciones contemporáneas, que impone el enfrenta­miento del mundo desarrollado y rico con el que aún vive en el rezago y la carencia de sus primarias etapas de crecimien­to, cabe presentarla a la luz de un nuevo postulado: la emancipación económico-social de los países subdesarrolla­dos es tanto una perentoria exigencia de éstos, cómo lo será para los que viven en la abundancia de su cabal desarrollo, si hemos de llegar a una subsistente y libre coexistencia internacional socio-económica de paz y justicia auténticas.

 

No sólo porque ni una ni otra serán hacederas en una humanidad antagonizada y descompuesta en pueblos ricos y pobres, violentamente desnivelados en sus avances culturales, -fuertes los unos y débiles los otros- sino, también, porque los que tan lejos han adelantado en las conquistas y logros de la civilización y el bienestar, forman una minoría. Y como tal tendrían que sobrellevar, tarde o temprano, la aumentante obligación de subvenir la escasez y penuria de una parte mayoritaria de la población mundial en constante y veloz elevación demográfica. Cuya miseria y estagnación llevan implícitas una dramática disyuntiva que los ha de obligar a una decisión histórica: o ayudar organizadamente a su liberación desarrollista a los pueblos que cada vez en mayor número la necesitan, o someterlos a la sujeción de un neo-colonialismo. Y contra cualesquier política imperialista, -ya sea la que Hobson analizó por primera vez en su obra magistral o lo que ahora se describe como "social-imperialis­mo"-[93] los pueblos insuficientemente desarrollados de­ben organizar y fortalecer su defensa económica y política. La integración regional de los países hoy atrasados; la unión que posibilitará su resistencia dinámica y coherente habrá de movilizar su impulso liberador. Para Indoamérica este inicial postulado programático integracionista del APRA, mantiene su pleno vigor germinal de punto de partida, de nuestra indeclinable pugna social para alcanzar su emancipación del imperialismo sin distinción de procedencia. La contraposición cada vez más notoria entre los países desarrollados y los subdesarrollados, patentiza, como condición ineludible, para la cabal independencia de éstos, la indeficiente ayuda técnica y económica procedente de aquéllos. Este inevitable requisito para nuestro "despegue" transformador de las estructuras tradicionales y remisas, que tipifican su obsoleto y llagado rezago, puede epitomarse en la reiteración de una tesis aprista de objetiva validez contemporánea inferida de su ideario: ningún país subdesarrollado podrá salir de su retraso sin la ayuda económica y tecnológica de los países desarrollados.

 

Es a partir de este postulado que el Aprismo sustenta la vigencia de su doctrina; no por aún incumplida en sus cabales alcances teóricos, menos realista y positiva en su factibilidad práctica.[94] Antiimperialismo, desfeudalización, unidad continental, integración y desarrollo, son las cuatro condiciones interdependientes del surgimiento de una Indoamérica poderosa, soberana, libre y justa, funda­mentada en la democracia social de pan y libertad. Que es el designio histórico de toda verdadera revolución.

 

Vitarte, 22 de febrero de 1970

 

V. R. Haya de la Torre

 

 

Notas



[1]     Ver pág. 104 de la presente Edición en Internet.

 

[2]     Haya de la Torre: La Defensa Continental, Buenos Aires, 3 ediciones, 1942 a 1946. Lima 4a. edición, 1968, pág. 98. Véase en el mismo libro los ensayos de 1940: "Definición de nuestra Neutralidad" y "Algo más sobre neutralidad", págs. 125 y 130.

 

[3]     Adolf Hitler: Mein Kampf. Cap. XI, "Nación y Raza".

 

[4]     Alan Bullock: Hitler, A Study in Tyranny. Completely Revised Edition. Harper's & Row Publishers. New York & Evanston. 1962, pág. 806.

 

[5]     Bullock, Ibid, pág. 399.

 

[6]     Bullock, Ibid, pág. 399, cit., de Mein Kampf. Cap. XI.

 

[7]     Hitler: Mein Kampf, op. cit., Cap. XI. Nación y Raza. -"Nosotros produciremos un nuevo tipo de hombre, una raza de dominadores, una generación de virreyes. Naturalmente no cabe duda que usaremos gente como esa en el Occi­dente". Hitler's Secret Conversations: 1941-1944. Signet Books. New York, 1961, pág. 48. Alfred Rosenberg: Der Mythuz des 20 sten Jahrhunderts, Berlín, 1930.

 

[8]     A. Bullock, ob. cit.

 

[9]     Herman Rauschning, ex-Presidente del Senado de Dantzig: Hitler Speaks. Londres, 1939, págs. 229-230, citado por Bullock en su libro Hitler, op. cit., pág. 400. Del libro de Rauschning hay traducción castellana: 7a. edic. Buenos Aires. Hachette, 1940, pág. 198. Rauschning es autor también del libro Revolution of Nihilism (Trad. inglesa). London, 1939.

 

[10]    Rauschning: Ob. cit., Caps. IX y X, en la traducción castellana de 1940, págs. 62 y 68. Ref. en el libro Greater Good Neighbor Policy, por Wade Crawford, Barclay, Wilett Clark & Co. New York, 1945, pág. 6. - Citado también por Granham H. Stuart: Latin America and the United States, 4th. Edition. Appleton, New York, 1943, pág. 78 (Del libro de Rauschning: Voice of Destruction, New York, 1940, págs. 61-67).

 

[11]    El Frente Popular en Chile, formado por comunistas, socialistas y radicales triunfó en las elecciones de 1938 con la elección de Pedro Aguirre Cerda, agricul­tor, propietario, miembro del Partido Radical Chileno. Esta coalición con "par­tidos burgueses" social demócratas, había sido recomendada en el VII Congreso de la Tercera Internacional por Dimitrof, Subsecretario General, como una forma de luchar contra el Nazi-fascismo. El Congreso se celebró en Moscú, en julio y agosto de 1935. - Leonard Schapiro: The Communist Party of the Soviet Union. London, 1960, págs. 483-4. "Durante la época del Frente Popular los comunistas registraron sus éxitos más apreciables. En Cuba intentaron crear una alianza con el Partido Auténtico del Dr. Grau San Martín, pero fueron repelidos. Entonces volvieron sus ojos hacia Fulgencio Batista No fue ésta la primera ni la última vez que un partido comunista latinoamericano colaboró con un dictador para alcanzar sus objetivos. En este caso la tentativa tuvo éxito pues la alianza con Batista duró lo que el período del Frente Popular y condujo al nombramiento, en marzo de 1943, de Juan Marinello, como Ministro sin cartera  En 1946 Gabriel González Videla ganó la elección presidencial de Chile con el apoyo del comunismo y como consecuencia, tres de los nuevos ministerios estuvieron en manos de partidarios de esa doctrina. También durante el lapso de cooperación a fines de la segunda gran contienda fueron echadas las bases para la creación del poder comunista en Guatemala. Véase el libro de Cyril E. Black, Thomas P. Thornton, Communism and Revolution, The Strategic of Political Violence. Princeton University Press. Princeton, N. J., 1964. Traduc. castellana. Edit. Troquel, Buenos Aires, 1968, 12, América Latina. James M. Daniel: Subcapítulos: El Frente Popular, Cuba, Chile, Guatemala, págs, 401-402.

 

[12]    El pacto de no agresión nazi-soviético fue precedido de un acuerdo económico entre Alemania y Rusia, el cual "disponía la concesión por Alemania a la URSS, de un préstamo de 200 millones de reichmarks a cambio de entregar mercancías por valor de 180 millones. Después la URSS hacía saber secretamente al Reich las condiciones que pondría a un acuerdo político: estaba dispuesta a aceptar la anexión de Dantzig y del pasillo polaco a Alemania, si con esta compensación abandonaba toda aspiración a los territorios polacos de Galitzia y Ucrania y le dejaba las manos libres en los países bálticos". Jacques Pirenne: Les Grands Courants de l'Histoire Universelle. Traduc. castellana, 4a. Edición, 1963, Vol. VIII. Cap. II, pág. 181.

 

[13]    Leonard Schapiro: Ob. cit., London, 1960, pág. 487. Nazi-Soviet Relations. 1939-1941. Documents from the Archives of the German Foreign Office, edited by James Stuart Biddle, Washington D.C., 1948, págs. 20-1. Sobre el discurso de Molotov, del 31 de octubre de 1939, q. v. Soviet Documents on Foreign Policy. Jean Degras, editor. Vol. III, Oxford, 1953, págs. 388-400. - Jacinto Toryho, en su libro Stalin Análisis Espectral, presenta esta versión del citado discurso -tomado de "Izvestia" de Moscú- con las siguientes palabras de Molotov: "Es imposible exterminar ninguna idea u opinión por el fuego o por la espada. Se puede respetar u odiar al hitlerismo o cualquier otro género de opiniones políticas. Es cuestión de gusto. Pero emprender una guerra para el exterminio del hitlerismo significa admitir en política una locura criminal el pueblo alemán ha sido agredido por una pandilla de plutócratas imperialistas anglo-franceses". Ob. cit. "Americalee" Editores. Buenos Aires, 1946, pág. 437.

 

[14]    Rauschning refiere en sus conversaciones con Hitler que Goebbels, "había reconocido desde los primeros años de la lucha por el poder, un estrecho parentesco entre el nacional socialismo y el bolcheviquismo. Lo había proclamado felicitándose de ello en declaraciones públicas. Numerosos gauleiters no tenían empacho en preconizar una alianza germano-rusa. Veían en ello el único camino para evitar rodeos y azares peligrosos... Jamás Hitler rechazó el principio de una alianza con los Soviets, a lo menos en el círculo de sus camara­das de partido: "Vaya usted a Moscú, le doy mi consentimiento", díjome cuando le participé ciertos proyectos capaces de activar las negociaciones polaco-danzigüenses" (Ob. cit., Cap. XXI, pág. 117). Más adelante escribe Rauschning en el mismo capítulo: "No es Alemania la que será bolchevizada, es el bolchevismo el que se convertirá en una especie de nacional-socialismo, respondió Hitler. Por otra parte existen entre nosotros y los bolcheviques más puntos comunes que divergencias He tenido siempre en cuenta esta verdad y es por ello que he dado orden de aceptar inmediatamente en el Partido a todos los ex-comunistas. Los pequeños burgueses social demócratas y los bonzos de los sindicatos no podrán nunca volverse verdaderos nacional-socialistas: los comu­nistas siempre". Rauschning, ob. cit., pág. 118.

 

[15]    "Hitler invadió Polonia el 1° de septiembre con Rusia como pasivo aliado. Dentro de los dos días siguientes Gran Bretaña y Francia declararon la guerra. Dos semanas más tarde las tropas soviéticas se unieron (a las alemanas) en la ocupación del territorio polaco. En octubre, Lituania, Latvia y Estonia cedieron bases navales y aéreas a Rusia. El 30 de noviembre el Ejército Rojo invadió Finlandia. La guerra ruso-finlandesa terminó el 13 de marzo de 1940. Ulteriores relaciones entre Alemania y Rusia, aliadas nominales pero enemigas en espíritu, se extendieron más". Francis Trevelyan Miller: History of World War II, Philadelphia-Toronto, 1945, pág. 361. - Véase también The United States, Experiment in Democracy, por Avery Graven & Walter Johnson (The University of Chicago). Ginn & Co. N. Y. London, 1947, XXXV. "From Poland to Pearl Harbour": pág. 786, infra.

 

[16]    "Como si las noticias del frente de Francia no hubiesen estado suficiente­mente malas, se publicó que el Duce había pronunciado un discurso en el Palacio Venecia, para anunciar la entrada de Italia en la guerra. Jamás ha merecido él, más que ese día el nombre de "César de Carnaval". Él sabe que la suerte ha sido fatal para Francia, que sus ejércitos en retirada no ofrecen sino una débil resistencia", comenta el presidente depuesto de Francia, Albert Lebrun, en su libro Témoinage. Plon. París, 1945. Cap. III, pág. 76. Véase también: Diario, Conde Galeazzi Ciano, Barcelona, 1946, págs. 178 y sgtes.

 

[17]    El 15 de julio de 1941, el Primer Ministro británico Winston Churchill, anunció en la Cámara de los Comunes: "A fines de la semana última se hizo posible concertar un solemne acuerdo entre los gobiernos de Gran Bretaña y Rusia, consolidando así el pleno asentimiento de los pueblos de Gran Bretaña y Rusia y de los dominios de la Corona para una acción unificada contra el enemigo común. Ambos gobiernos se han comprometido a continuar la guerra contra Alemania hitlerista y a ayudarse mutuamente en todo lo que sea posible y a no firmar una paz por separado El acuerdo que ha sido suscrito y cuyo texto ha sido publicado no puede dejar de ejercer una influencia altamente benéfica y poderosa sobre el futuro de la guerra. Ello es por cierto una alianza y el pueblo ruso es hoy nuestro aliado". Del libro Blood, Sweat and Tears. Traduc. castellana, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1941, págs. 491-492, q. v. Wulfrid Knap: A History of War and Peace, 1939-1965, Oxford University Press, 1967, pág. 23.

 

[18]    "La segunda guerra mundial, pues tal resultó ser después de Pearl Harbor, llevó la política latinoamericana de Estados Unidos a su punto culminante en la tercera reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de Río de Janeiro, celebrada en los días 15-28 de enero de 1942, con el fin de consultarse qué es lo que debían hacer a consecuencia de la agresión cometida contra una república hermana del Nuevo Mundo. Su primer acto fue reafirmar su declaración de que cualquier acto de agresión contra una de ellas debía de considerarse coma un acto de agresión contra todas. Por consiguiente recomendaban la ruptura de relaciones diplomáticas con Japón, Alemania e Italia, ya que el primero de los Estados mencionados atacó a un país americano y los otros dos declararon la guerra al mismo". Samuel Flagg Bemis: La Diplomacia de los Estados Unidos en la América Latina. Traduc. castellana del Fondo de Cultura Económica de México, 1944. Cap. XXII, pág. 379.

 

[19]    Sumner Welles: The Time for Decision, New York & London, 1944, págs. 210 y sgtes.

 

[20]    El Ministro de Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, comentaba en su Diario el 20 de febrero de 1942, a propósito de la Conferencia de Río de Janeiro: "En Brasil ellos están considerando si nos declaran o no la guerra, habida cuenta de los torpedeamientos por nuestros submarinos. Por el momento, sin embargo, cada cual es extremadamente cauteloso en este respecto. Las naciones sudamericanas conocen perfectamente bien que la guerra no es más una mera teoría para ellos, sino que deben tener en cuenta los torpedos alemanes en un evento de declararla. Esto es algo que después de todo podría causar alguna inquietud a los corrompidos personajes que ahora gobiernan a las naciones sudamericanas". The Goebbels Diaries. Editado y traducido al inglés par Louis P. Lochner. Doubleday & Co. New York, 1948, pág. 95. Otras referencias de Goebbels, sobre la Conferencia de Río se pueden hallar en el mismo libro págs. 36, 39, 46 y 92, sobre Chile, pág. 108 y sobre Argentina, pág. 203. - El Conde Galeazzo Ciano comenta: "Río de Janeiro. Los Estados Unidos presionan para que todos los países sudamericanos rompan sus relaciones con nosotros. Si esto ocurre el Duce piensa que lo mejor es declarar la guerra, así pondremos a los Estados Unidos en la necesidad de defenderse en un amplísimo frente". "Quieren una guerra blanca -dice Mussolini- pues les daremos una guerra roja". Ciano. Ob. cit., 3a. edición, 1952, Barcelona, pág. 485.

 

[21]    Sumner Welles: The Time for Decision. op cit., ibid, q. v. Appendix, pág. 415. - Ver también, John C. Campbell, and Research Staff: The United States in World Affairs. Harper, New York, 1947. Chap. VII, págs. 206 y sgtes.

 

[22]    En el diálogo textual que James F. Byrnes reproduce en su libro Speaking Frankly, Harper, New York, 1947, entre Stalin y Roosevelt en Yalta, el Presidente norteamericano al responder a la pregunta de Stalin sobre la situación de las repúblicas latinoamericanas, invitadas a la Conferencia de las Naciones Unidas, que no han declarado la guerra, dice: "Hace cuatro años el Sub-Secretario de Estado, Mr. Welles, dijo a las repúblicas sudamericanas que no era necesario declarar la guerra a Alemania pero que era necesario romper relaciones diplomáticas... Francamente fue un error de Mr. Welles no aconsejarles que declararan la guerra en vez de que meramente rompieran relaciones Mi idea sería invitar solamente a aquellas naciones asociadas que nos han ayudado con la condición de que declaren la guerra. El Mariscal Stalin: "¿Cuándo deberán actuar?". - El Presidente: "Inmediatamente. Póngales un límite". - El Mariscal Stalin: "Diga­mos, el primero de marzo". - El Presidente: "Muy bien, el primero de marzo". Ob. cit., págs. 38, 39.

 

[23]    Véase en la presente Edición en Internet la pág. 85 y la Nota a la Primera Edición (pág. 8).

 

[24]    J. A. Hobson: Imperialism. A Study. 1st. edition 1902, 2th. edition 1905, 3th. edition 1938, 6th. impresión 1961. Allen, London. Part 1, págs. 21-22. John Atkinson Hobson (1858-1940), economista y sociólogo liberal inglés, educado en Oxford de cuya Universidad fue "lecturer" -así como en la de Londres-, entre 1887 y 1897. En 1889 había expuesto por primera vez su teoría según la cual las crisis periódicas son causadas por la mala distribución de la riqueza, en un libro titulado The Physiology of Industry que Hobson publicó en colaboración con A. F. Mummery. Pero cinco años después perfecciona su tesis en otro libro: The Problem of Unemployed (Methuen, London, 1896). En 1898, Hobson atacó las teorías imperialistas del ministro Joseph Chamberlain, el famoso "Colonial Secretary" de la guerra sudafricana o Anglo-Boer. En 1899, Hobson fue a Sud-África enviado por el diario liberal The Manchester Guardian y publica una serie de artículos execrando las atrocidades de la contienda. En 1900, publicó en Londres su sensacional libro The War in South Africa, con vigorosas páginas contra el imperialismo militar británico. Y en 1901 publicó también en Londres, otro libro anti-bélico: Psychology of Jingoism. En 1902 apareció su libro fundamental Imperialism. A Study, de gran impacto publicita­rio, cuya segunda edición se publicó en 1905. Hobson, previendo las consecuen­cias de las rivalidades imperialistas comerciales entre grandes firmas inglesas, americanas y alemanas, publicó otra obra de mucha reputación: The German Panic (London, 1913) en vísperas de la primera guerra mundial, de la que importa leer las páginas 3 a 30. Además de sus famosas obras The Industrial System (London, 1909) y Work and Wealth (London, 1914). En 1938, dos años antes de su muerte, publicó la última edición, revisada por él, de su libro epocal: Imperialism. A Study, traducido a todos los idiomas del mundo y acerca del cual se han escrito muchos volúmenes, comenzando por el de Lenin.

 

[25]    Lenin: El Imperialismo Etapa Superior del Capitalismo. Traduc. "de la última edición del Instituto Lenin" de Moscú. Ediciones Europa-América: París, Buenos Aires, sin fecha. Prólogo: págs. 9-10. Edición confrontada con la alemana, francesa e inglesa del Instituto Lenin de Moscú y las que aparecieron baja el título de "Imperialismo la última etapa del capitalismo", usado por Rosa Luxemburgo, q. v., Die Akkumulation des Kapitals. Berlín, 1913 (Edit. 1923, pág. 361) y Rudolf Hilferding: Das Finanzkapital, Eine Studie uber die jungste Entwickling des Kapitalismus. Viena. 1910, passim.

 

[26]    Hobson: ob. cit., pág. 21.

 

[27]    "El vasto corazón del Asia que comprende del Ártico al Himalaya y de los Urales al Pacífico, constituye Siberia. La conquista y exploración de esta ilimi­tada expansión de florestas, estepas y desiertos pertenece a la gran épica de la historia. Los primeros pasos fueron dados por los cosacos del siglo XVI. Bajo el liderazgo de Yermak Timofeyevich, ellos pulularon a través de los Urales en busca de tierras y pieles. A lo largo de un siglo todo el continente había sido cruzado y los colonizadores se establecieron en la cuenca del río Amur, que desemboca en el Pacífico en Nikolaievsk. Durante el siglo XVII la ocupación rusa de Siberia quedó como una serie de establecimientos o poblados... Pero no fue hasta el siglo XIX que los zares comenzaron a consolidar todo el imperio siberiano y a fortalecer su dominación sobre las enormes riquezas de las tierras de la cuenca del río Amur. Los primeros movimientos fueron realizados por Nikolai Muraviev, que organizó las avanzadas rusas hacia el Pacífico en los años de 1840 a 1860 y fundó las bases pobladas de Nikolaievsky y Vladivostock El enorme gasto de 350 millones de rublos, aseguró la construcción del ferrocarril transiberiano". Introduction to Contemporary Civilization in the West. A Source Book, by the Contemporary Civilization Staff of the Columbia Univer­sity. New York, 1946. Vol. II, págs. 788 y 789 (Selections from Industries of Russia. Vol. III, IV. St. Petersburg, 1893).

 

[28]    Walter Kolarz: Communism and Colonialism. Edit. MacMillan. London, 1964. Cap. II, pág. 23.

 

[29]    Lenin: Ob. cit., Cap. IV, pág. 85.

 

[30]    Lenin: Ob. cit., Cap. IV, págs. 83-84-85.

 

[31]    Lenin: Ob. cit., Cap. IV, pág. 88.

 

[32]    Lenin: El Capitalismo de Estado y el Impuesto en Especies. Traduc. de Juan Andrade. Biblioteca Nueva. Lista 66. Madrid. Imprenta de El Adelantado de Segovia, c. f. pág. 7. (Extracto de un folleto aparecido en 1918). Q. v. en el mismo libro pág. 35 sobre "los muchos errores respecto a los plazos" que "aparecen hoy como más prolongados que aparecían entonces" (sic).

 

[33]    Lenin, ob. cit., pág. 24. "El socialismo es inconcebible sin la técnica del gran capitalismo basada en la última palabra de la ciencia contemporánea, sin una organización gubernamental perfectamente regular, subordinando las decenas de millones de habitantes a la estricta observación de una norma única de produc­ción y de reparto". Ibid, pág. 18. Y más adelante escribía: "Nosotros nos perdemos frecuentemente en razonamientos de este género: 'El capitalismo es un mal, el socialismo es un bien'. Estos razonamientos son falsos, porque olvidan toda la complejidad de las diversas capas económicas y sociales presentes para no ocuparse más que de dos". Lenin, ob. cit., pág. 62.

 

[34]    Lenin: Ob. cit., pág. 35.

 

[35]    Sobre la esclavitud, Engels escribió en El Anti Dühring: "Sin esclavitud no hay Estado Griego: no hay arte ni ciencia griegos; sin esclavitud no hay Imperio Romano, y sin la base del helenismo y del Imperio Romano no hay Europa moderna. Jamás deberíamos olvidar que todo nuestro desarrollo económico, político e intelectual supone un estado en que la esclavitud era tan necesaria como generalmente reconocida. En tal sentido tenemos derecho a decir que sin esclavitud antigua no hay socialismo moderno". Friedrich Engels: "Herr Eugen Dühring Unwalzung der Wissenschaft. II Abschnitt. IV (Traducción castellana: El Anti Dühring. Segunda parte Cap. IV).

 

[36]    Lenin: ob. cit., pág. 62.

 

[37]    Lenin: ob. cit., pág. 63, supra.

 

[38]    Lenin: ob. cit., ibid.

 

[39]    Lenin: ob. cit., pág. 47.

 

[40]    Lenin: ob. cit., págs. 50-51.

 

[41]    Lenin: ob. cit., pág. 51. "La concesión se basa sobre la gran industria mecánica, la cooperación sobre la pequeña industria manual e incluso patriar­cal", remarca en la pág. 59. Infra.

 

[42]    Lenin: ob. cit., pág. 57.

 

[43]    Lenin: ob. cit., pág. 57. Ref. pág. 56.

 

[44]    Lenin: ob. cit., pág. 230. - Discurso pronunciado el 17 de octubre de 1921 ante el Congreso de Educación Política de Moscú.

 

[45]    León Trotsky: Stalin. An Appraisal of the man and his influence. Edited and translated from Russian by Charles Malamuth. Harper's New York, 1946. págs. 1, 2, 420.

 

[46]    J. Stalin: Fragen des Leninismus. Verlag für Frendsprachige Literatura. Moskau, 1947. Confrontada con traducción castellana: Cuestiones del Leni­nismo. Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1941, pág. 186.

 

[47]    Stalin: ob. cit., pág. 186. Fechado el 25 de enero de 1926.

 

[48]    Stalin: ob. cit., pág. 167: "Esta tesis va dirigida contra la teoría de los social demócratas que consideran como utopía la toma del poder por el proletariado en un solo país, si no va acompañada al mismo tiempo por la revolución victo­riosa en otros países". Ibid.

 

[49]    Stalin: ob. cit., pág. 107, supra.

 

[50]    Stalin: ob. cit., pág. 113: "La revolución permanente de Trotsky es la negación de la teoría leninista de la revolución proletaria". Ibid.

 

[51]    Stalin: ob. cit., págs. 109, 110, 111, 113, 114: "Con discursos melifluos y democracia podrida no se puede llenar el enorme abismo abierto entre la teoría de la 'revolución permanente' y el leninismo" (sic.) pág. 115, ibid.

 

[52]    Stalin: ob. cit., pág. 317 (En el XII Aniversario de la Revolución de Octubre). "Este viraje se ha producido y se sigue produciendo bajo el signo de la ofensiva resuelta del socialismo contra los elementos capitalistas de la ciudad y el campo", ibid.

 

[53]    Stalin: ob. cit., pág. 329 ("Pravda", Moscú No. 259. Noviembre 7, 1929).

 

[54]    Stalin: ob. cit., págs. 435-475: Discurso de enero 7 de 1933.

 

[55]    Stalin: ob. cit., pág. 606. Del informe al XVIII Congreso de los Soviets, Noviembre 25 de 1936: "... ahora estamos en el último período de la NEP, en el fin de la NEP, en un periodo de completa liquidación del capitalismo", pág. 605.

 

[56]    Stalin: ob. cit., pág. 633.

 

[57]    Andrei D. Sakharov: Progress, Coexistence and Intellectual Freedom. Translated by The New York Times. W. W. Norton & Co. New York, escribe en su ya célebre libro: "Por lo menos 10 a 15 millones de personas perecieron en las cámaras de tortura de la N.K.V.D. -policía secreta- de tortura y ejecución, en los campos para exiliados kulaks -ricos campesinos- y para los llamados semikulaks y miembros de sus familias, y en campos 'sin el derecho de corres­pondencia' -que eran de hecho el prototipo de los campos fascistas de la muerte, donde por ejemplo, miles de prisioneros fueron ametrallados debido a 'sobre-población' o como el resultado de 'órdenes especiales'-. La gente perecía en las minas de Norilsk y Vorkuta de frío, de hambre o de trabajo exhaustivo en los intolerables proyectos de construcción, en corte de madera, apertura de canales o simplemente durante su transportación en trenes de prisioneros o en las sobrecargadas bodegas de los 'barcos de la muerte' en el Mar de Okhotsk y durante los traslados de pueblos enteros: los tártaros de Crimea, los alemanes del Volga, los kalmyks y otros pueblos caucasianos. Lectores del periódico literario Novy Mir han podido leer recientemente la descripción del 'camino de la muerte' entre Norilsk e Igarka, en la Siberia del Norte", ob. cit. VI, pág. 52. En las notas del mismo libro Harrison E. Salisbury remarca que el famoso escritor Aleksandre Solzhenitsyn, una víctima de los campos de concen­tración que hizo un detenido estudio del sistema (de prisiones) ha hecho estima­tivas completamente similares a las de Sakharov, ob. cit., págs. 110-111.

 

[58]    El 22 de mayo de 1943, Rusia anunció al mundo que la III Internacional había sido disuelta el 15 del mismo mes. En setiembre de 1943, la iglesia ortodoxa rusa recibió de los Soviets notables concesiones: el patriarca Sergio fue elegido y oficialmente reconocido y algunos establecimientos de instrucción teológica fueron permitidos. A la muerte de Sergio fue elegido patriarca de Moscú, en 1944, Alexis, patriarca de Leningrado. En marzo de 1944, el gobierno soviético anunció que el himno proletario "La Internacional" había sido abolido como himno oficial y sustituido por un himno nacional patriótico. Ya el 20 de febrero de 1944 la United Press transmitía desde Moscú la proclama paneslavista de Stalin exaltando "la lucha armada de los pueblos eslavos contra los imperia­listas hitleristas". Y el 23 del mismo mes, también la United Press, transmitía desde Moscú que el Comité de Combatientes Pan-Eslavo, comunicó al presidente Roosevelt y al Premier Churchill su saludo con una mención de "los combatien­tes norteamericanos de origen eslavo". Q. v. William G. Bullit: The Great Globe Itself, New York, 1946. A. M. Ammann: Abriss der Ostlawischen Kirchengegshihte (1950); John Shelton Curtiss: The Russian Church and the Soviet State, 1917-1950. London-New York, 1950. Haya de la Torre: Y Después de la Guerra ¿Qué?, Lima, 1946, pág. 197, citado en mi libro Treinta Años de Aprismo. México 1956, pág. 110.

 

[59]    A. D. Sakharov: ob. cit., pág. 63.

 

[60]    Antonio Giolitti: Il Comunismo in Europa, Garzanti, Milano, 1960. Parte Cuarta: Il XX Congreso, b) Khruschev: raporto "segreto", pág. 240.

 

[61]    Giolitti, ob. cit., pág. 243.

 

[62]    Ibid.

 

[63]    A. D. Sakharov: Ob. cit., pág. 54.

 

[64]    Ibid. pág. 55.

 

[65]    Comercio Exterior de la Unión Soviética -1966- Importaciones: 7,122,000,000 de rublos. Exportaciones: 7,957,000,000 de rublos. Unidad monetaria: 0.90 rublos = 1 dólar y 2.16 rublos = 1 libra esterlina. Presupuesto 1968: Ingresos 123,912,000,000 rublos. Egresos: 123,604,000,000 de rublos. Book of the Year, Britannica. 1969, pág. 766.

 

[66]    El editor de la edición castellana del libro El Imperialismo Etapa Superior del Capitalismo (Biblioteca Marxista. Traducción de la última edición del Instituto Lenin. Ediciones Europa-América: París, Buenos Aires) advierte en una nota inicial de la pág. 7 que "las ediciones que de esta obra... se habían hecho en todos los idiomas hasta 1930 eran incompletas y llevaban por título: "El Imperialismo última etapa del Capitalismo". Rosa Luxemburgo (1870-1919) en su libro Die Akkumulation des Kapitals. Edit. Berlín, 1923, pág. 361, llama al imperialismo "la última etapa del capitalismo". Q. v. Richard Koebner & Elmut Adan Schmidt: Imperialism, The Story and Significance of a Political World, 1840-1960. Cambridge at the University Press, 1964, passim.

 

[67]    Informes económicos recientes han dado a conocer la realización de contra­tos de la Unión Soviética con la "Fiat" de Milán, para la implantación de fábricas de automóviles en territorio ruso. También de contratos con la firma italiana "Olivetti", así como gestiones con capitales japoneses para explotación de minas de cobre en Siberia.

 

[68]    Título del capítulo IV de mi libro: Treinta Años de Aprismo. Fondo de Cultura Económica. México, 1956, pág. 81.

 

[69]    Ver la pág. 62 de la presente Edición en Internet.

 

[70]    Las divisiones de los partidos comunistas provocadas por las denuncias de Khruschev contra Stalin, 1956, la subsiguiente sublevación de Hungría y las sangrientas represiones, así como la invasión de Checoslovaquia de 1968 y los nuevos conflictos con China, han multiplicado el divisionismo comunista que, en Indoamérica, ha aumentado más aún con otros movimientos de varias denomina­ciones dispersas.

 

[71]    Característicos casos de la "izquierda chilena", ahora de nuevo reagrupada en un "frente" que una vez mas coaliciona a comunistas, grupos socialistas y radicales para las elecciones de 1970.

 

[72]    G. D. H. Cole: A History of Socialist Thought. London, MacMillan, 1961. Communism and Democracy, 1914-1931. Vol.  IV. Part. II, págs. 761-762. Traduc. castellana: Historia del Pensamiento Socialista. Fondo de Cultura Económica, México, 1962, Vol. VI, pág. 275.

 

[73]    Cole. Ibid., edic. inglesa, pág. 766, edic. castellana, pág. 280.

 

[74]    Cole. Ibid., edic. inglesa, pág. 767, edic. castellana, pág. 280.

 

[75]    George Pendle: A History of Latin American. Penguin Books, London, 1963. Chap. 15, pág. 187.

 

[76]    R. A. Humphreys: The Evolution of Modern Latin America. Oxford, Clarendon Press, 1946, pág. 23. Q. v. Robert J. Alexander: Prophets of Revo­lution. The Macmillan Co. New York, 1962, págs. 75-108. Latin American Issues. Edit, by Albert O. Hirschman. New York, 1961, págs. 10, 11, 14, 16. - Martin Needler: Latin American Politics in Perspective. Van Nostrand Co. Princeton N. J. 1963, págs. 27-28, 93, 98, 99, 117. - Francois Bourricaud: Pourvoir et Societé dans le Perou Contemporain. Edit. Armand Colin, 1967. Part. II, págs. 141-185. - Marcel Niedergang: Les 20 Ameriques Latines. Plon. París, 1965, pág. 303 y siguientes. - Herbert Wendt: Der schwarz, weiss rote Kontinent Lateinamerika - Reformer und Rebellen. Gerhard Stalling Verlag. Oldenburg. Kapitel V, págs. 224, 227, 235. - Serafino Romualdi: Presidents and Peons. Funk Wagnalls. New York, 1967, págs. 24, 76, 81, 85, 67, 292-321. - Milton S. Eisenhower: The Wine is Bitter.  The United States and Latin America. Doubleday Co. New York, 1963. págs. 320-323. - Robert J. Alexander: Today's Latin America. Anchor Books. New York, 1962. - The Ideas of Haya de la Torre, pág. 7. Enciclopædia Britannica. 1966, Vol. 11, pág. 191. Vol. 13, pág. 76. Vol. 17, pág. 716, ref. (asylum). Vol. 2, pág. 660.

 

[77]    Walt Whitman Rostow: The Stages of Economic Growth, a Non Communist Manifesto, Cambridge University Press, 1960. Chap. II, passim. Traduc. castella­na: Las Etapas del Crecimiento Económico, Un Manifiesto No Comunista. Fondo de Cultura Económica, México. 2a. edic. 1963, pág. 18.

 

[78]    Karl Marx: Das Kapital, cualquier traducción. Prólogo de Marx a la primera edición alemana, 1867.

 

[79]    Lenin: El Imperialismo Etapa Superior del Capitalismo. ob. cit., Cap. IV, traduc. castellana, pág. 87.

 

[80]    Karl Marx, Das Kapital. ob. cit., Cap. I. La Mercancía. - Herbert Marcuse al referirse a "los llamados países atrasados del Tercer Mundo" ha dicho que "hemos de convenir en que el proletariado del Tercer Mundo sólo es proletariado industrial en una proporción muy exigua, y que en su gran mayoría es un proletariado agrario, y en este sentido existe efectivamente una gran diferencia con respecto a la concepción marxista". Herbert Marcuse: El Fin de la Utopía, Trad. C. Gerhard, México, 1969, pág. 155.

 

[81]    Karl Marx: Das Kapital. ob. cit., Cap. I. 3. La Mercancía. En la muy de­ficiente traducción de Wenceslao Roses, del Fondo de Cultura Económica de México, 1946, esta cita aparece en la pág. 91, infra. Es muy importante leer el Cap. XXV y último del primer volumen de "Das Kapital" sobre "La Moderna Teoría de la Colonización", a propósito del libro del estadista y colonizador británico de Nueva Zelanda, Edward Gibbon Wakefield (1796-1862), England and America, publicado en 1833, para seguir el todavía confuso juicio de Marx sobre la etapa inicial del capitalismo en los países coloniales que hoy llamaríamos "subdesarrollados". Aunque aparezca mucho más claro y completo su enfoque que el de Lenin sobre la primera o inferior etapa del imperialismo en los países a donde el capitalismo llega.

 

[82]    Q. v. pág. 114 de la presente Edición en Internet.

 

[83]    Lenin: Cuadernos de la Historia de la Filosofía, bajo la dirección del profe­sor A. V. Scheglov de la Academia de Ciencias de la URSS. Trad. Edit. Problemas. Buenos Aires, 1942, pág. 178.

 

[84]    Cita incursa en el informe de Stalin al XVIII Congreso del Partido Comunista de la URSS. Q. v. J. Stalin: Cuestiones del Leninismo, ob. cit., Moscú 1941, edic. castellana, pág. 711. Tomado de Lenin. Vol. II, pág. 492,"Nuestro Programa" Edic. oficial rusa.

 

[85]    De la Revista Claridad de Buenos Aires, 1935. Reproducción en mi libro Espacio-Tiempo Histórico, Lima 1948, pág. 3. Subrayados míos. H. de la T.

 

[86]    Ibid. passim.

 

[87]    Q. v. pág. 114 de la presente Edición en Internet. Subrayados míos. H. de la T.

 

[88]    Historia de los países Coloniales y Dependientes -América Latina-, publicado por el Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de la U.R.S.S. Traducida y Editada por "Ediciones Nueva América". Santiago de Chile, 1941, pág. 66. Tomadas de la edición rusa de las Obras Completas de Marx y Engels, Tomo XXII, pág. 304 ya citadas en mi libro Espacio Tiempo Histórico, ob. cit., Diálogo 2, pág. 150.

 

[89]    Citado por Walter Kolarz: Communism and Colonialism, ob. cit. Chap. IX, pág. 101.

 

[90]    Traducción tomada del libro de Gustavo Beyhaut: Raíces Contemporáneas de América Latina. Eudeba Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1964. Cap. II, pág. 74.

 

[91]    Arthur P. Whitaker: The United States and South America. The Northern Republics. Harvard University Press, 1948. Part. III. 10, 2, 3, pág. 158.

 

[92]    Sumner Welles, en su discurso pronunciado el 14 de abril de 1943. Día de las Américas, ante el Rotary Club de Nueva York. Trad. de The New York Times del 15 del mismo mes. Citado en mi libro Y después de la Guerra ¿Qué?, ob. cit., Lima, 1946, pág. 65.

 

[93]    "Social-Imperialismo es un término usado por un número de autores durante los años recientes. Uno de ellos, Franz Neumann (The Structures and Practice of National Socialism. London, Gollanz, 1944, págs. 153-55) lo ha descrito coma un intento, de parte de las clases gobernantes para proporcionar una base de masas al imperialismo; un intento de incorporar a las clases tra­bajadoras dentro del sistema imperialista". Concesiones a las masas, tales "co­mo la extensión de franquicias o de beneficios materiales" -explica Neu­mann- "fueron empleadas para asegurar apoyo popular a la expansión agre­siva". El economista J. A. Schumpeter, en un famoso ensayo escrito en 1919, define al social-imperialismo, como un imperialismo en el que "los empre­sarios y otros elementos cortejan a los trabajadores por medio de concesiones de bienestar social que parecen depender del buen éxito de la exporta­ción monopolista". Joseph A. Schumpeter: Imperialism and Social Classes. Oxford, Blackwell, 1951, págs. 114-115 and passim. (Citas del libro de Ber­nard Semmel, Imperialism and Social Reform, Ruskin House. London, 1960, pág. 13). Ver también: A. Grabowsky: Der Sozialimperialismus als lezte Etappe des Imperialismus, 1939, passim. Q. v. N. I. Bukharin: Mirovoe khozyaistvoi i Imperializm. Moskow, 1918, traduc. Imperialism and World Economy, New York, 1929, passim. Ref. Josef Schumpeter: Zur Sociologie der Imperialismen. Tubingen, 1919, passim.

 

[94]    El tratado que establece una zona de libre comercio e instituye la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), suscrito en Montevideo el 18 de febrero de 1960 -originalmente por Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay, el Perú y el Uruguay-; el Tratado General de Integra­ción Económica Centroamericana -suscrito en Managua el 13 de diciembre de 1960- por Guatemala, El Salvador, Honduras; la fundación del Parlamento Latinoamericano -por iniciativa de la representación parlamentaria del Partido Aprista del Perú-, así como el establecimiento del Banco Interamericano de Desarrollo, marcan ya los primeros pasos positivos hacia la unidad económica y política de los pueblos indoamericanos. Ref. Integración de la América Latina. Experiencias y perspectivas. Edición preparada por Miguel S. Wionczek. Fondo de Cultura Económica. México, 1964, passim.

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